“Hay que ayudar a descubrir que una crisis superada no lleva a una relación con menor intensidad sino a mejorar, asentar y madurar el vino de la unión. No se convive para ser cada vez menos felices, sino para aprender a ser felices de un modo nuevo. (…) De ningún modo hay que resignarse a una curva descendente, a un deterioro inevitable, a una soportable mediocridad.”

_Amoris laetitia (232)

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“Hay que reconocer que hay casos donde la separación es inevitable. A veces puede llegar a ser incluso moralmente necesaria, cuando precisamente se trata de sustraer al cónyuge más débil, o a los hijos pequeños, de las heridas más graves causadas por la prepotencia y la violencia, el desaliento y la explotación, la ajenidad y la indiferencia. Pero «debe considerarse como un remedio extremo, después de que cualquier intento razonable haya sido inútil» (Juan Pablo II)”

_Amoris laetitia (241)

“Comprendo la angustia de quien ha perdido una persona muy amada, un cónyuge con quien ha compartido tantas cosas. Jesús mismo se conmovió y se echó a llorar en el velatorio de un amigo. ¿Y cómo no comprender el lamento de quien ha perdido un hijo?”

_Amoris laetitia (254)