“Este Año jubilar nos ha de ayudar a reconocer la complejidad de la realidad familiar actual. (…) No podemos olvidar que cada uno lleva consigo el peso de la propia historia que lo distingue de cualquier otra persona. (…) Esto exige, sobre todo de parte del sacerdote, un discernimiento espiritual atento, profundo y prudente para que cada uno, sin excluir a nadie, sin importar la situación que viva, pueda sentirse acogido concretamente por Dios, participar activamente en la vida de la comunidad y ser admitido en ese Pueblo de Dios.”

_Misericordia et misera (14)

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